7 consejos para no perder la paciencia con los hijos

Son muchas las madres (digo expresamente madres porque son en su mayoría quienes me transmiten esta preocupación) que me cuentan que pierden la paciencia muy a menudo, que gritan a sus hijos. Se prometen a sí misma no volver a hacerlo y leen libros y blog sobre crianza varios que les recuerdan que debemos educar con calma, sin gritos y con lenguaje positivo. Y lo intentan, vaya si lo intentan, y a veces todo parece que ir hasta que en algún momento ¡plaf! La paciencia desaparece y aparecen los gritos, el lenguaje negativo y después también aparece la culpabilidad y el sentirse mala madre. Es por eso que muchas madres, y algún padre también, me hacen la pregunta del millón: “¿Cómo no perder la paciencia?”

Pues os voy a contar un secreto: todos, absolutamente todos, perdemos la paciencia alguna vez. Voy a añadir más, segurísimo que la volverás a perder. Efectos colaterales de ser humanas.

Muy a menudo tengo la sensación que a las madres nos exigen ser una especie de diosa todopoderosa que lo hace todo bien y que nunca, nunca se equivoca. Pero lo cierto es que somos humanas y eso implica equivocarse.  No podemos olvidar que la crianza y la educación de un hijo es muy exigente, y las madres llevamos a cuestas un montón de responsabilidades, obligaciones, preocupaciones, dificultades que afrontar y un bagaje emocional propio que a veces hace que no podamos afrontar los retos de la crianza como creemos que debemos hacerlo. Y nos equivocamos, fallamos, no hacemos todas esas cosas maravillosas que nos dicen los libros de crianza, y por supuestísimo, perdemos la paciencia.

Tampoco estoy diciendo que esté bien que perdamos la paciencia y que tengan que darnos una medalla. Es verdad que los gritos no educan y que si realmente queremos llevar a cabo una crianza respetuosa nos hacen falta tres cosas: paciencia, paciencia y paciencia. Pero tampoco creo que debamos recibir 50 latigazos ni tampoco menospreciarnos (o dejar que alguien nos menosprecie). No. Debemos trabajar para ser mejores, para hacerlo mejor la próxima vez, asumir que nos equivocaremos, aprender del error y a no machacarnos por no ser perfectas.

¿Qué podemos hacer para no perder la paciencia?

Vaya por delante que no tengo la receta mágica que evite que perdamos la paciencia, eso, no existe (y si alguien la tiene comparta, «please»). No obstante, en este artículo te doy 7 tips para ayudarte a tener más paciencia o a no perderla tan a menudo:

  1. Cuídate y respétate: si realmente queremos llevar a cabo la educación respetuosa debemos empezar por respetarnos a nosotras mismas. Dedícate tiempo a ti misma, a cuidarte por dentro y por fuera, a atender también tus necesidades, a cuidar tu bienestar psicológico. No te dejes siempre para el último lugar. Recuerda siempre que para educar y cuidar debemos empezar por uno mismo.
  2. Gestión emocional: una buena gestión de tus emociones va ayudarte a no perder la paciencia tan a menudo. Saber qué sientes y por qué y cómo actuar ante eso que sientes es la clave. En este artículo te doy unos consejos para trabajar tu gestión emocional
  3. Tiempo fuera: es una técnica educativa que usamos mucho con los niños para que se calmen y deberíamos usarla también con nosotras mismas. Cuando estemos a punto de estallar, cuando veamos que ya no podemos más, tomate unos minutos fuera, toma distancia de la situación. Tómate unos minutos para recuperar el control, para manejar adecuadamente tus emociones. Cuenta hasta diez, oye tu canción favorita, haz respiraciones, pasea por el pasillo… Y cuando hayas recuperado el control de ti misma vuelve para buscar soluciones.
  4. No olvides que son niños: no te tomes como algo personal cuando no se porten como tu esperas o como crees que deben portarse. Recuerda que son niños, que están aprendiendo, que están conociendo cómo funciona el mundo, probándose y probando el mundo que les rodea. Piensa en cuando eras pequeña e hiciste alguna trastada como pintar las paredes con el pintalabios de tu madre o romper un jarrón mientras jugabais a la pelota en el salón (sabiendo que no podías), ahora te pregunto ¿lo hiciste para fastidiar a tus padres? La respuesta es que no. Ahora, con tu mentalidad de adulto no lo harías, pero entonces te pareció una buena idea. Y es porque lo niños no ven el mundo como los adultos, no tienen las prisas ni las responsabilidades, ni tampoco conocen esa larga lista de cosas que no están bien vistas socialmente pero que para ellos es divertido.
  5. Desdramatiza y échale mucho sentido del humor: no hay nada mejor que el sentido del humor en esas situaciones en las que una no sabe si cortarse las venas o dejárselas largas.
  6. Se tolerante con el error: de igual forma que tú te equivocas, tu hijo también falla y no hace las cosas bien, no pasa nada, no es perfecto ni tiene porque serlo. Deja que haga las cosas a su manera, que falle y aprenda. No le exijas que sea perfecto.
  7. Escoge tus batallas: los padres queremos controlar absolutamente todos los comportamientos de nuestros hijos y eso no es ni necesario ni sano y, muy a menudo, rompe la relación familiar. No podemos darle importancia a cada pequeña acción que, aunque puedan molestarnos, en realidad no tiene consecuencias negativas. Si se le cae el vaso y derrama la leche por estar distraído viendo la tele, no es tan grave, se limpia y listo.

He perdido la paciencia, ¿y ahora qué?

Pues como hemos dicho seguirá habiendo ocasiones en que estos maravillosos tips no sean suficiente y vuelvas a perder la paciencia y empezarás otra vez con ese ciclo “pierdo la paciencia-grito-me culpo- me siento la peor madre del mundo”.  Ya, te estarás diciendo, “deja ya la verborrea y dime que hago”, pues la respuesta no puede ser más sencilla: pide perdón. Sí, simple, pero no por ello menos sanador.

Cuando te enfrentes a una ocasión en que pierdas la paciencia y le grites a tu hijo o digas algo de lo que no te sientas orgullosa, simplemente pídele perdón de verdad. Explícale que lo has hecho mal, que te has equivocado, que lo quieres muchísimo, que intentarás hacerlo mejor la próxima vez. Dale un abrazo y un beso y recuérdale que es una persona excepcional a quien quieres con todo tu ser.  Te aseguro que te personará.

Y lo mejor es que con ese perdón le enseñas que todos nos equivocamos, que no somos perfectos, que todos en algún momento fallamos y que lo importante es reconocerlo y tratar de mejorar. Te aseguro que esa es una lección muy importante que le ayudará a lo largo de toda su vida.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *