Castigos y consecuencias educativas

Los castigos se han convertido en el arma más usada por los padres y madres para tratar de modificar las conductas inadecuadas de los hijos. Sin embargo,  muchos padres y madres que acuden a mi consulta me dicen que por más que castigan, el niño sigue portándose mal.  La razón por la que no funcionan los castigos es porque, si bien condenan la mala acción, no la corrigen, y a la larga puede tener una serie de efectos nocivos en el niño.  Es por eso que cuando se quiere poner en práctica la educación en positivo se habla de aplicar consecuencias educativas. A priori pueden parecer lo mismo, pero en realidad no lo son. Así que empecemos por definir cada uno.

El castigo es una acción punitiva y está basado en imponer una pena por el mal comportamiento, por eso le privamos de jugar a la Tablet, den ver la tele o del postre. Sin embargo, esta privación no corrige la mala conducta. Es posible que a corto plazo funcione, pero el niño no está aprendiendo realmente por qué no debe realizar esa mala conducta. Es decir, el niño  aprende que debe evitar el castigo, pero no aprende  a portarse bien. Además el castigo tiene una parte emocional muy grande por parte de la persona que lo impone. El castigo es usado por el adulto cuando ya no tiene más recursos o ha perdido la paciencia y en su imposición juega un papel muy importante el estado de ánimo. Así, si estamos cansados o enfadados el castigo será más severo, puede que incluso exagerado para la acción que pretendemos corregir. Por tanto, podemos que decir que, en realidad, el castigo no educa en cuanto a que no le enseña al niño por qué deben cumplirse las normas, no elimina la acción,  no le da al niño alternativas y no le enseña a razonar ni las consecuencias de sus acciones.

Sin embargo, a larga sí tiene una serie de efectos negativos. Estos son:

  • Afectan a la autoestima del niño
  • No le enseñan a autorregular su conducta
  • No le enseña a afrontar las consecuencias de sus acciones
  • Crea en el niño sentimiento de ira y frustración
  • Puede generar rebeldía en el niño.
  • El niño no aprende a corregir la mala conducta.

Las consecuencias educativas son las acciones que se derivan de la mala conducta del niño y tiene como fin modificar los comportamientos inadecuados, que el cambio se mantenga en el tiempo y, a su vez,  permiten que el niño asuma las consecuencias sus actos.  Estas consecuencias pueden ser:

  • Consecuencias naturales: son aquellas que se derivan espontáneamente a partir de las conductas realizadas por el niño y no requieren la intervención de los padres. Por ejemplo, si el niño va de forma imprudente con el patinete, se caerá y  se hará daño. En este caso, la conducta inapropiada es ir de forma imprudente con el patinete, la consecuencia natural es caerse y el niño aprenderá que no debe ir de forma imprudente o se hará daño
  • Consecuencias lógicas: son aquellas acciones constructivas, coherentes y relacionadas con la conducta inadecuada que marcan los padres.  El objetivo es que el niño se responsabilice de sus actos y que, en la medida de lo posible, repare el mal cometido. Por ejemplo, el niño juega con agua y empapa el suelo del pasillo,  el niño deberá limpiarlo él mismo. En este caso, la conducta inapropiada es jugar con agua y empapar el suelo, la consecuencia lógica es limpiar lo que mojó y el niño aprende que debe responsabilizarse de sus actos y que si ensucia algo debe limpiarlo.

Las consecuencias educativas tienen los siguientes beneficios:

  • El niño adquiere responsabilidad y que sus actos tienen consecuencias
  • El niño adquiere autonomía porque le permite tomar sus propias decisiones sobre qué conductas son apropiadas
  • El niño adquiere autocontrol emocional porque aprende a gestionar sus deseos y frustraciones

En definitiva, la diferencia entre el castigo y la consecuencia educativa es que, mientras que el castigo sanciona, pero no educa, las consecuencias educativas les enseña a afrontar sus actos y cuál es la conducta correcta.

Ahora que ya hemos definido cada uno de los términos y hemos visto la diferencia entre ambos, es lógico pensar que son más eficaces a la larga las consecuencias educativas. Ya sé lo que estás pensando “esto suena muy bien, pero ¿cómo ponerlas en práctica?” Pues como todo, para que realmente sean eficaces es necesario implantarlas de forma adecuada. Así que para ayudarte a ponerlas en práctica te doy una serie de pautas.

  1. Las consecuencias educativas deben estar relacionadas con las conductas inadecuadas. Ya sabemos que puede ser muy cansino decirle a tu hijo 100 veces que recoja la habitación y después de 101 veces, con el cansancio del día acumulado del día puede darte ganas de castigarlo un mes entero sin ir al parque, pero en realidad un mes sin parque no le va a enseñar a recoger los juguetes. Una consecuencia educativa relacionada puede ser recogerlos y guardárselos en el altillo durante unos días, antes por supuesto le explicaremos que si no guarda los juguetes se pueden romper y perder y que por eso debemos cuidarlos.
  2. En la medida de lo posible el niño debe restituir el daño. Por ejemplo, hoy es el día en que tu hijo ha decidido poner en práctica sus dotes artísticas en la pared del salón. En ese caso una consecuencia educativa puede ser que sea el niño el que tiene que limpiar las paredes.
  3. Las consecuencias educativas deben ser coherentes con la edad del niño: las consecuencias que marquen deben estar acordes a las capacidades del propio niño. Volviendo al ejemplo anterior, si el niño es muy pequeño, a lo mejor debes enseñarle cómo usar la bayeta e incluso ayudarle tú a limpiar, pero lo importante es que el niño te ayude en la limpieza
  4. Las consecuencias educativas deben ser inmediatas: es mejor que la consecuencia tenga lugar lo más pronto posible. Aplicar una consecuencia por la tarde de una conducta que tuvo lugar a la mañana pierde el sentido, es posible incluso que el niño haya olvidado lo que hizo. Esto cobra mayor sentido cuanto más pequeño sea el niño.
  5. Coherencia entre los padres: es importante que los padres se pongan de acuerdo en las consecuencias educativas a aplicar, de lo contario puede ocasionar confusión el niño y éste buscará siempre al progenitor que cumpla sus deseos.
  6. No te limites a decirle lo que no puede hacer y explícale las consecuencias de sus acciones: es importante que el niño entienda que toda acción tiene una consecuencia. Explícale cuál es la consecuencia de su mala conducta. Explica las normas con claridad y firmeza y cuál será la consecuencia en caso de que no se cumpla esa norma. Por ejemplo, si el niño pega a otros niños del parque explícale que si pega a otros niños les hace daño y se sienten mal y que si sigue pegando a los niños os tendréis que ir del parque.
  7. Dale herramientas para que corrija su mala conducta: a veces los niños tienen malas conductas porque no tienen herramientas para gestionar las diferentes emociones o incluso porque no saben cómo actuar de otra forma. Por eso, cuando el niño haga algo que no está bien podemos darle pautas para que actúe mejor. Por ejemplo, si el niño golpea cosas cuando está enfadado, podemos explicarle que no debe golpear las cosas porque se pueden romper y que cuando se sienta enfadado, en vez de golpear las cosas puede golpear un cojín o tomarse unos segundos fuera de la estancia o incluso enseñarles técnicas de respiración para que controle el enfado en función de su edad y su capacidad.
  8. No añadir comentarios negativos: evitar los reproches, las ironías o las humillaciones. Esta clase de comentarios sólo empeora la relación con nuestros hijos, les crea  malestar y daña su autoestima. Por ejemplo, si el niño se pilla los dedos de las manos por jugar con las puertas en vez de añadir comentarios como “ya sabía que iba a pasar a eso” o “te está empleado por no hacerme caso” es mejor consolarlo y cuidarle la herida.
  9. Ser firmes y cariñosos: no está reñido hablar con firmeza y cariño a la vez. Aunque nos puede costar al principio, es necesario aprender a expresar firmeza y la resolución de se cumpla una norma y hacerlo de forma cariñosa.
  10. Evitar la sobreprotección: hay que permitir que el niño experimente las consecuencias de sus propias decisiones y acciones y no asumir como propias responsabilidades que son del niño.
  11. Son más eficaces las consecuencias educativas de poca duración que las de largo plazo. Los niños no perciben el tiempo de la misma forma que los adultos. Si alargamos mucho la consecuencia en el tiempo el niño lo dan todo por perdido y ya no se esfuerzan por recuperar sus privilegios. Hay que darles la oportunidad de probar a comportarse bien.
  12. Cuando se imponga la consecuencia educativa es mejor hacerlo con calma y serenidad. Si estás muy enfadado o cansando o estresado te costará dar una consecuencia coherente y acorde a la acción. En ese caso tomate unos minutos para tranquilizarte.
  13. Estimula su independencia: deja que el niño haga las cosas por sí mismo, permite que equivoque y que aprenda. Esto además de enseñarle a adquirir responsabilidad también fomentará su autoestima.

Para finalizar, ten paciencia. Ya sé que es difícil, pero la paciencia es la pócima secreta para una educación respetuosa. El niño no va aprender cómo comportarse adecuadamente de la noche a la mañana. Así que repite cariñosamente la norma y consecuencia. Date tiempo a ti y dáselo al niño. Perdónate   cuando no lo hagas bien y perdónale a él cuando se equivoque.  Y no olvides el refuerzo positivo. Felicita al niño en aquellas ocasiones en que realiza la conducta adecuada. Valorar las conductas positivas y prestar más atención al buen hacer que a las malas conductas es más útil  y tiene mejores efectos que mil castigos.

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