Cómo conseguir que tu hijo te cuente lo que le pasa

«Mi hijo no me cuenta nada»

Esta es una queja que oigo muy a menudo de padres y madres que se desesperan porque no son capaces de conseguir que sus hijos les cuenten nada de lo que han hecho en el cole o mientras han estado con los tíos o los abuelos.

Los padres queremos saber lo les pasa a nuestros hijos, no por un afán de entrometernos en su intimidad, si no porque tener cierta información puede ayudarnos a detectar problemas más o menos graves y atajarlos lo más pronto posible. Además, esto sirve para sentar las bases de la comunicación que más adelante jugará un papel muy importante para tener un buen clima familiar,  y  también para detección de problemas y en la prevención de conductas inadecuadas.

Cómo conseguir que los hijos nos cuenten cosas

Los padres solemos querer iniciar una conversación con nuestros hijos en forma de interrogatorio, así que nos ponemos la gabardina de detective, les apuntamos con un foco y les exigimos saber qué han hecho. Dejando a un lado mi imaginación hollywoodiense, lo cierto es que esa no es la mejor forma de crear una buena comunicación porque te estás reafirmando  en ese papel de policía y el niño tiene la sensación que cualquier  cosa que diga será utilizado en su contra en un tribunal.

Metáforas peliculeras aparte, para conseguir tu objetivo y que tus hijos te cuenten que han hecho te dejo estos consejos.

  • Comunicación bidireccional: una conversación no debe seguir un formato pregunta-respuesta, si no que debe ser direccional.  Cuéntale cómo te ha ido el día, qué has hecho, cómo te sentiste, cómo solucionaste ciertos problemas… Hazlo de forma adaptada a la madurez y comprensión del niño, pero habla con él.
  • El momento adecuado: a la hora de crear un momento para hablar con nuestros hijos debemos buscar el momento adecuado, no intentes iniciar una conversación con ellos cuando están muy cansados  o están distraídos con otras cosas. Busca también un momento en el que tú puedas prestarle atención y mirarle a los ojos, así le envías el mensaje que te importa lo que te dicen.
  • Confidencialidad: cuando ellos te cuenten algo no lo vayas diciendo por ahí, que ellos sepan pueden confiar en ti
  • Escúchale: presta atención a lo que te cuente, aunque para ti no parezca importante si le pone a la muñeca el vestido azul o el verde para ellos sí es importante, envíale al mensaje que te preocupas por lo que es importante para ellos.
  • Evita los juicios: cuando ellos te cuenten algo que hicieron y no está bien no te apresures a reñirle, si juzgas o incluso castigas cada cosa que te dice el niño optará por no contarte nada. En su lugar, ayúdale a resolver lo que hizo mal y reflexiona con él, pero sin caer en sermones moralizadores.
  • Deja que se exprese: los niños no siempre saben como expresarse, deja que se exprese a su ritmo y de la forma en que más cómodo se sienta.
  • Reformula las preguntas: si quieres hacerle alguna pregunta evita las preguntas generales como «¿qué tal el cole?» o «¿cómo te has portado en clase?». Al niño le será más difícil  responder ese tipo de preguntas. En su lugar hazle preguntas más concretas y que tengan en cuenta sus emociones como «¿qué asignatura te gustó más hoy?» o «¿cómo te sentiste cuando pasó eso?».
  • Presta atención a sus emociones: no te centres sólo en si ha hecho matemáticas o lengua o si jugó con este niño o se peleó con el otro. Pregúntale cómo se siente ante lo que vivió, si siente feliz o triste y como gestionar esas emociones.

El truco

Ahora es el momento en el que te cuento el truco que usé yo para conseguir que me contaran las cosas.

Yo tenía ese mismo problema. A la salida del colegio, cuando les preguntaba qué tal,  ellos me contestaban el socorrido «bien» y listo. Probé con algunas preguntas concretas como «¿qué es lo que más te gustó?» o «¿con quién habían jugado en el recreo?» pero no  conseguí que encadenaran más de dos frases seguidas. Así que un día decidí cambiar de estrategia.

Todos los días al salir del colegio, mientras íbamos camino a casa les preguntaba «¿qué tal el día?» cuando me contestaban el todopoderoso «bien» yo les contaba cómo me había ido el día, lo que había hecho, si me había surgido algún problema, si me había enfadado por algo o me habían dado una buena noticia, a veces incluso hasta les pedía consejos. Al principio no conseguí demasiado, pero con el paso de los días empezaron a contarme más cosas y cuando veía que se bloqueaban o no se les ocurría nada más que contarme les guiaba con preguntas concretas como «¿Con quién jugaste hoy en el recreo?» «¿Qué asignatura le gustó más?» Y así fue como establecimos esa rutina, yo les cuento qué he hecho en el día y luego es su turno. Cada vez me resulta más fácil iniciar conversaciones con ellos y ellos cada vez se abren más a mi y me cuentan más cosas.

Como veis esta estrategia me ha funcionado muy bien, así que espero que también os ayude a vosotros. Si lo pones en práctica no te olvides de decirme si te ha funcionado

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