10 claves para poner en práctica el lenguaje positivo con los hijos

Mi madre siempre ha sido muy refranera, su repertorio es casi inagotable, para cada ocasión siempre tiene un refrán.  Cuando yo era una niña y alguien me decía algún comentario cruel, ella solía decirme “palos y piedras rompen mis huesos, pero las palabras no pueden herirme”. En ese momento en que era sólo una chiquilla aprendiendo a vivir, me parecía que estaba equivocada. Hoy en día, con un poquito más de vida a mis espaldas, sigo sin estar de acuerdo. Creo que las palabras tienen  un poder muy grande. ¿Cuántas veces alguien nos ha dicho una frase y nos ha dolido más que una patada en el estómago? Creo que todos hemos vivido esas situaciones en que una palabra o una frase nos ha herido más que un daño físico.  Además las  palabras tienen esa facultad de no desaparecer, una vez que las dices quedan para siempre grabadas en nuestra memoria, nos marcan a fuego. Todos llevamos dentro esas palabras que nos ayudaron en los momentos difíciles y aquellas que siguen doliendo cuando las recordamos.

Sin embargo, en nuestro día a día, no solemos darle importancia a la forma de expresarnos, pero la realidad es que nuestras palabras van acompañadas de un componente no verbal muy potente, lo que hace que  digamos mucho más que lo que pretendemos.  Muy  a menudo nos olvidamos que con las palabras podemos herir, causar felicidad, subir la autoestima o hacer sufrir. En definitiva, podemos crear o destruir.

Es por eso que me parece importante que en la educación de nuestros hijos  también cuidemos el lenguaje. El lenguaje tiene un impacto en el cerebro de los niños y tienen consecuencias directas en su forma de ser. Las palabras que usan los padres tienen un poder sobre el estado de ánimo, la forma de pensar y la actitud con la que enfrentan las cosas, y sobre todo, son sobre las que el niño edifica su autoestima.

Por este motivo, es preciso incluir el lenguaje positivo en la educación de nuestros hijos, aprender a ser conscientes de nuestras palabras  para poder cambiar nuestra perspectiva  y centrar nuestra atención en el lado bueno de las cosas. El lenguaje positivo tiene muchos y muy importantes beneficios para su desarrollo:

  • Refuerza su autoestima,
  • Aporta seguridad.
  • Ayuda a tener una actitud más positiva para enfrentar los problemas.
  • Favorece una buena relación con nuestros hijos y un buen clima familiar
  • Ayuda a un adecuado desarrollo emocional.

Pero, ¿cómo incluir el lenguaje positivo en la dinámica familiar? Un lenguaje positivo no quiere decir que no haya que ponerle límites  o usar palabras como “cariño”, si no de usar el lenguaje como un método para conectar con las emociones propias y las de nuestros hijos. A continuación te dejo 10 claves para ayudarte a poner en práctica el lenguaje positivo:

  1. Evita las críticas, las comparaciones y las descalificaciones, así como los gritos y las amenazas, suelen ser poco constructivas y destruyen la autoestima.
  2. Céntrate en los mensajes positivos, motivadores y llenos de esperanza.
  3. Evita las etiquetas. Es imprescindible no confundir los comportamientos con las cualidades. Cambiar expresiones como “eres malo” por  “hoy no estás portando bien”
  4. Lenguaje no verbal: el lenguaje no verbal tiene una función vital en la comunicación, de hecho en muchas ocasiones la diferencia entre un lenguaje positivo y uno negativo es precisamente el lenguaje no verbal, pues éste refuerza el mensaje y ayuda transmitir las emociones. No olvides las sonrisas o las caricias, demuestra el cariño que sientes por ellos.
  5. No abusar de la palabra no: el “no” tiene un efecto sobre el cerebro, lo bloquea. Sin embargo,  los padres nos pasamos gran parte del día diciendo “no”.  Si no me crees haz la prueba y cuenta las veces  que les dices no a tu hijo en un día. ¿Esto quiere decir que no le debemos marcar normas? Nada más lejos de la realidad. Se trata de cambiar la forma en que nos dirigimos a ellos,  reformular las normas. Por ejemplo, en vez de decirle “no grites” podemos usar “Habla un poco más bajito” o en vez de decirle “no rompas los juguetes” podemos decirles “cuida tus juguetes” o en vez de decirle “no juegas hasta que no hagas los deberes” podemos decirle “primero hacemos los deberes y después de jugamos” en todas esas opciones marcamos una norma, simplemente la transmitimos de forma diferente.
  6. Refuerzo positivo: es una técnica muy útil con muchos beneficios porque hace hincapié en las fortalezas del niño, así que en lugar de recordarle lo que hace mal, recuérdale lo que hace bien. Si pones énfasis en lo que el niño hace bien hará que repita ese comportamiento.
  7. No caer en el halago constante y vacío, pues pierde su significado y puede lograr el efecto contrario
  8. Alaba su esfuerzo: No te olvides de alabar su esfuerzo, incluso aunque no obtenga los resultados que tú esperas.
  9. Evita las órdenes excesivas: muchas veces los padres les damos muchas instrucciones a la vez, eso hace que los niños se saturen y no sepan por dónde empezar.  Darles instrucciones sencillas y claras y de forma gradual
  10. Explícale lo que quieres que haga: en muchas ocasiones los niños no saben cómo portarse bien, ellos aún no entienden las normas de la sociedad ni cómo se espera que se comporten en determinadas situaciones. Explícales que esperas de ellos y cómo deben comportarse les ayudara a tener un mejor comportamiento y reducirá las situaciones conflictivas.

Las palabras son nuestra fuente más inagotable de magia, capaz tanto de ocasionar dolor como de remediarlo. Película  “Harry Potter y las reliquias de la muerte -Parte 2”

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