La gestión emocional también es para padres y madres

Una de las cosas en las que suelo hacer mucho hincapié en las consultas y en los talleres  es en la importancia de que los padres y madres desarrollemos nuestra propia inteligencia emocional.

En este blog ya hablamos largo y tendido de la inteligencia emocional, su importancia y  cómo desarrollar la inteligencia emocional en nuestros hijos. Sin embargo,  también es importante que los padres y madres hagamos ese trabajo con nosotros mismos, aprendiendo a gestionar nuestras propias emociones. 

En el día a día de la dinámica familiar, surgen muchas situaciones que pueden acabar por convertirse en momentos tensos en los que que todo el mundo acaba enfadado con el mundo y sintiendo malestar con nosotros mismos y con los demás. En esas situaciones,  la gestión que hagamos de muestras emociones y cómo acompañemos las emociones de nuestros hijos es lo que va a marcar la diferencia para que esa situación dañe o no la dinámica familiar.

¿Por qué es importante trabajar nuestras propias emociones?

Los niños son seres muy viscerales que sienten de forma muy intensa todas las emociones, las positivas y las negativas. A los adultos nos encantan como los niños son capaces de sentir la felicidad con vehemencia, pero ¡ay! es que también son capaces de sentir la ira con la misma vehemencia, y eso ya…no nos gusta tanto.

Las emociones de nuestros hijos tienen el poder de activar las nuestras, hacen que todas emociones que llevamos dentro, y que no hemos canalizado de manera adecuada, también se desborden. Es por eso que debemos saber cómo gestionarlas, para que podamos dirigir de forma apropiada la situación y evitar que se convierta en una lucha de poderes que perjudica la relación familiar.

Nuestras emociones son sólo nuestras

Los niños aún están descubriendo un mundo en el que todo es nuevo para ellos, están aprendiendo cómo deben comportarse, cómo vivir, cómo funciona el mundo. Y cometen errores. Se equivocan y no se portan como los adultos esperamos que se porten. Los padres, que hemos sido educados con la creencia que el error es malo y cargamos con nuestra propia mochila de emociones, reaccionamos, y con nuestra reacción hacemos que nuestros hijos, además de tener que lidiar con unas emociones que provocan un huracán en ellos, tengan que hacerlo también con las nuestras.

¿Cuántas veces te ha pasado que una situación en concreta la gestionas bien un día y al día siguiente acabáis a gritos y enfados? Pues porque es probable que ese día estuvieras muy cansada o hubieras tenido un mal día en el trabajo y esas emociones fueron las que te llevaron reaccionar de forma desproporcionada porque tu hijo prefería seguir jugando a recoger los juguetes.

¿Y  qué es la gestión emocional?

Las emociones son  una respuesta neurólogica-psicológica y fisiológica subjetiva y compleja ante un estímulo interno o externo, actual o pasado, que valoramos de forma automática y primaria provocando en nosotros una reacción.

En primer lugar, es importante comprender que todas las emociones, negativas y positivas nos aportan algo, nos sirven para aprender y evolucionar.

En segundo lugar es importante entender que gestionar las emociones no quiere decir reprimirlas.  Saber gestionar las emociones es reconocer la emoción que sentimos en ese momento y elegir como manifestarla. También implica identificar los pensamientos asociados a esa emoción e intervenir para que no se alargue en el tiempo. Este proceso de reconocimiento y gestión de las emociones nos permite transformarlas en algo beneficioso para ellos.

El proceso de gestión emocional básico consiste en cinco pasos básicos:

1- Toma consciencia de tus emociones: sé consciente de lo que sientes en en ese momento, evalúa la situación que te está povocando las emociones y  separa las emociones primarias de las secundarias. Escucha tu cuerpo y entiende lo que te está diciendo, ponle palabras a lo que sientes.

2- Permite la emoción: no la reprimas ni la evalúes de forma negativa o positiva. Siéntela y escucha la información que te da. Las emociones muchas veces nos hablan de necesidades que no tienes satisfechas o las preocupaciones sin resolver, así que escucha lo que te dice.

3- Identifica los pensamientos asociados a las emociones.  Las emociones en ocasiones vienen acompañados de pensamientos destructivos que hacen que esa emoción te haga daño. Identificarlos es la clave para evitar que aniden en nosotros haciendo de esa emoción un estado emocional más duradero y que nos daña.

4- Decide como reaccionar ante esa emoción. Una vez que ya hemos tomado consciencia de nuestras emociones, de lo que sentimos y por qué es el momento de decidir  qué hacemos con esa emoción, si la manifestamos y cómo la manifestamos de manera que no nos haga daño ni a nosotros ni a los demás.

En definitiva, la gestión de las emociones es como tener una piedra en la mano, debes ser consciente que tienes esa piedra en la mano y el por qué la tienes, recuerda que tienes derecho a tenerla en la mano, pero tu puedes decidir si lanzarla o construir una torre con ella.

Recuerda que eres su ejemplo

Nunca olvides que la mejor manera en que un niño aprende es con el ejemplo. Así que si realmente queremos educar en las emociones, que nuestros hijos adquieran inteligencia emocional, los padres debemos convertirnos en un modelo adecuado de control de las emociones.

Recuerda que si tienes dificultades para gestionar tus emociones, acompañar las de tu hijo o cualquier otra duda sobre la educación y crianza de tus hijos, puedes acceder mis servicios de orientación y acompañamiento familiar. 

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