La importancia de la Inteligencia Emocional

Como hemos visto en la entrada anterior la inteligencia emocional  es la capacidad de  entender, identificar y gestionar de forma adecuada las emociones propias y ajenas y crear así una atmósfera de bienestar con un mismo y con los demás. Pero, ¿por qué es importante la inteligencia emocional?

Durante mucho tiempo se ha asociado el éxito de una persona con la inteligencia cognoscitiva. Sin embargo, muchas personas con un coeficiente intelectual alto  no consiguen el éxito  más allá de unas notas muy buenas en la escuela. La razón de esto es la inteligencia emocional. De hecho, Goleman afirma en su libro que lo que  marca el éxito o el fracaso entre dos personas con el mismo CI, O incluso una persona con un CI por encima de la media, es precisamente la inteligencia emocional.

Pero, ¿Por qué? ¿Por qué es tan importante la inteligencia emocional?

Los seres humanos estamos hecho de emociones. Todo lo que sucede a nuestro alrededor produce en nosotros una respuesta emocional consciente o inconscientemente y esta respuesta emocional provoca en nosotros una respuesta física y una reacción  ante esa emoción. Incluso en situaciones de peligro es el miedo, es decir, una emoción,  el que hace que nosotros actuemos de un modo u otro para protegernos del daño o salir de la situación de peligro.

Esto lo que quiere decir es que las emociones impregnan la mayoría de las decisiones que tomamos en nuestra vida. Son las emociones las que controlan gran parte de lo que somos y por tanto, podemos afirmar que la mayoría de las situaciones problemáticas de la vida están causadas por incapacidades emocionales.

Así que, es  aquí  cuando empieza la importancia de la inteligencia emocional.

Si tenemos en cuenta que las emociones influyen directamente en nuestra forma de pensar, tomar decisiones y actuar, es fácil entender que éstas ejercen una enorme influencia en nuestra vida y por tanto saber comprenderlas y gestionarlas adquiere gran importancia.

Y esto es lo que no da la inteligencia emocional. A través de ella logramos motivarnos, comprender y gestionar nuestras emociones, controlar nuestros impulsos, regular nuestros estados de ánimo, empatizar con los demás y favorece que creemos vínculos saludables con la gente que nos rodea.

Por tanto, la inteligencia emocional nos permite:

  • Adaptarnos a los cambios en un mundo en el que cambio es parte del día a día
  • Soportar la presión de una sociedad cada vez más exigente y en la que el estrés forma parte del día a día.
  • Gestionar las emociones negativas que forman parte de la vida del mismo modo que las positivas.
  • Entender a los demás y sus emociones, comprender que también ellos actúan movidos por sus emociones y respetar su forma de actuar y pensar. Saber leer las emociones de los demás, no sólo a través del lenguaje verbal, sino también del lenguaje no verbal., nos ayuda responder de forma apropiada y por tanto tener relaciones más satisfactorias y sanas con los demás.
  • Saber crearse objetivos y retos, persistiendo hasta conseguirlos y lidiando contra la frustración
  • Tener una autonomía emocional, siendo sensible a las emociones de los demás sin que nos afecten de forma personal y dañina
  • Tener una actitud optimista ante la vida, viendo a nuestros errores como algo necesario para seguir evolucionando personalmente y no dejarnos vencer por las dificultades
  • Conocernos a fondo y aceptarnos con nuestras virtudes y defectos y tener mayor confianza en nuestras capacidades, lo que es fundamental para una buena autoestima y un buen autoconcepto.
  • Afrontar los desafíos con los que nos encontramos a lo largo de la vida y a buscar el modo más adecuado de solucionar los conflictos.
  • Expresar nuestras emociones, tanto las positivas como las negativas, haciéndole saber a los demás cuando no estamos de acuerdo con algo o cuando algo nos hace sentir mal, siempre desde el respeto a los demás, lo que nos ayuda a tener mejores y más sanas relaciones interpersonales.
  • Conocer nuestras emociones y procesarlas de forma adecuada permitiendo que controlemos nuestros actos en cualquier situación.
  • Entender que cualquier emoción, positiva y negativa, tiene una utilidad para nuestro mundo interno. Aprender a manejar las intensidad y los impulsos que causan las emociones es la clave para controlar nuestro comportamiento

Todas estas habilidades que nos da la inteligencia emocional son las que van a marcar la diferencia entre el éxito y el fracaso más allá del coeficiente intelectual.  Porque la vida está llena de circunstancias que no podemos controlar pero que tienen en nosotros unos efectos emocionales. Por tanto, saber controlar nuestras emociones, entender qué sentimos y por qué, entender  qué sienten los demás y por qué y gestionar de manera eficaz las emociones,  nos permite tomar mejores decisiones y por tanto tener mayor éxito profesional y personal. En definitiva, la inteligencia emocional nos lleva a  desarrollarnos de forma más plena en todos los ámbito y por tanto, a la felicidad.

No te pierdas en el siguiente artículo, en el que te diré cómo desarrollar la inteligencia emocional en los niños.

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