Las peleas entre hermanos

Las peleas entre hermanos es algo que preocupa mucho a los padres y madres porque rompe la dinámica familiar.

Quien le da primero al botón del ascensor, quien entra primero en casa, un juguete, qué ver en la tele, a qué parque ir, el lado del sofá… para los hermanos cualquier excusa es buena para pelearse. Estas  peleas  entre hermanos pueden tratarse de una simple riña y en otras pueden llegar a las amenazas, los insultos o las agresiones físicas.

¿Por qué pelean los hermanos?

Ver a nuestros hijos pelearse por absolutamente todo, puede desesperarnos y poner a prueba nuestra paciencia.  Sin embargo, es necesario que entendamos que las peleas son algo inherente a la condición fraternal. Aunque estas peleas y riñas puedan ser agotadoras y sean un foco de preocupación para los padres, lo cierto es que los conflictos entre hermanos forman parte  del día a día de todas las casas en las que hay hermanos. De hecho, si tienes hermanos, probablemente recuerdes esas peleas que tenías con tu hermano o hermana, y si no las recuerdas siempre estará tu madre para recordártelo
Las peleas entre hermanos se dan por dos causas principales: la convivencia y los celos. Incluso aunque nos parezca que nuestros hijos no tienen celos, siempre existe entre ellos cierta rivalidad por tener que compartir la atención de sus padres.

¿Intervenir sí o no?

Pues aquí viene la madre del cordero y la pregunta que se hacen muchos padres. Como  todo en la educación, hay corrientes encontradas sobre si hay que intervenir o no.  Aunque no hay un acuerdo unánime, la mayoría de los expertos abogan por que la norma general sea no intervenir  y dejar que sean ellos mismo quienes solucionen sus diferencias.

Intervenir en cada riña que tienen los hermanos puede ser un error. En primer lugar porque cuando intervenimos en mitad de una pelea perdemos la imparcialidad al no saber que es lo que ocurrió previamente y que dio lugar a la riña. Esta falta de información puede hacernos tomar parte de forma equivocada y acabar dando la razón a quien no la tiene y castigar al que lo ha hecho bien, provocando nosotros mismos los conflictos entre ellos y fomentando los celos.  Además, intervenir para darle la razón a un hermano, puede provocar en el otro sentimientos  de incomprensión que agravarán los conflictos y que romperá aún más la dinámica familiar.

También hay que tener en cuenta que esas riñas y peleas comunes entre los hermanos pueden ser una maravillosa forma de dejar que nuestros aprendan a negociar y a solucionar sus conflictos.

No obstante, no intervenir nos plantea algunas cuestiones que debemos tener en cuenta:

¿Y si no son capaces de solucionar sus diferencias?

Los hermanos cuando tienen un desencuentro  no siempre son capaces de solucionar los problemas por sí mismos.  Todos hemos vivido una situación así, ver a nuestros retoños en una pelea, cada uno empecinado en su postura y sin querer dar su brazo a torcer. En estos casos, cada uno se mantiene en su postura sin ser capaces de buscar un punto de encuentro provocando una pelea que se puede alargar indefinidamente o hasta que alguno pierda el control y  acaben llegando los insultos, las amenazas o incluso llegar a las manos. Esto se da, sobre todo, cuando los niños son pequeños o no tienen suficientes herramientas para la resolución de conflictos y  la negociación.

Cuando esto sucede y vemos que los niños se han enzarzado en una riña que no son capaces de solucionar solos, puede ser una buena idea ayudarles o darles indicaciones sobre como pueden solucionarla sin ser nosotros el que tome la solución. Se trata de enseñarles herramientas de negociación sin mediar  entre ellos ni solucionando lo que sea que ha causado la discordia.

En este caso nuestra intervención debe limitarse a:

  • Escuchar con atención la versión de cada uno sin juzgar ni dar nuestra opinión.
  • Pedirles que propongan alguna solución y si no son capaces de encontrar ninguna proponerles nosotros dos o tres soluciones para que ellos busquen cual es la mejor.
  • Si aún así no son capaces de solucionar el desencuentro, separarles puede ayudarles a calmarse.

Recuerda que no se trata de mediar ni ser tú que el que solucione el conflicto, si no ayudarles y darles herramientas para que ellos aprendan a resolver los conflictos que surgen entre ellos.

A medida que los niños vayan creciendo y vayan adquiriendo herramientas de negociación y resolución de conflictos, tu orientación será cada vez menos necesaria y acabarán por ser capaces de resolverlo ellos solos.

¿Y si se pegan?

Si la pelea avanza hasta llegar a las agresiones verbales o físicas es necesario intervenir. Siempre teniendo en cuenta que no se trata de mediar ni solucionar nosotros el conflicto, si no poner fin a una conducta inadecuada y enseñarles otras herramientas para solucionar sus problemas sin caer en la violencia verbal o física.

En estos casos, hay que tener en cuenta:

  • No intervenir con gritos, ira o con castigo físico, no podemos poner fin a la violencia con más violencia.
  • Mantener la calma, si nosotros perdemos la paciencia, además de ser un mal ejemplo, no podremos intervenir adecuadamente.
  • Hay que frenar las agresiones, sean verbales o físicas.
  • Separarles para que se calmen puede ser un buen método.
  • Si castigamos o usamos alguna consecuencia educativa con algún hermano, es necesario dejarles claro que no es por la pelea en sí, si no por el uso de la violencia.

Una vez que los ánimos se han clamado es el momento de ayudarles a solucionar el conflicto para ello:

  • Escuchar atentamente todas las versiones
  • Pedirles que propongan formas de solucionar el conflicto y si no son capaces proponer nosotros algunas soluciones

En cualquier caso, si la intervención debe darse, bien  porque no son capaces de solucionarlo  por ellos mismo o porque han llegado a las agresiones verbales o físicas, hay tener en cuenta las siguientes consideraciones:

  • No intentes averiguar quien empezó ni busques víctimas o culpables.
  • No emitir nuestra opinión ni juicios sobre la riña o sobre los niños.
  • No hacer de arbitro: no se trata de mediar, si no simplemente de orientarles para que aprendan a solucionar ellos mismos sus diferencias.
  • Escucha con atención todas las versiones.
  • Dales valor también a cómo se siente cada uno.

¿Cómo evitarlas?

Como hemos dicho las peleas entre hermanos son naturales y normales, así que tenemos que aceptar que van a formar parte nuestro día a día. Pero siempre podemos hacer que estas riñas y conflictos no rompan la dinámica familiar y se den con menos frecuencia. Para esto es necesario crear un vínculo fraternal sano.

¿Como favorecer un vínculo fraternal sano? 

Pautas para crear un vínculo fraternal sano:

  • Crear un buen clima familiar en el que se respeten las opiniones y sentimientos de todos los miembros y en el que se pueda hablar de cualquier tema sin juicios ni críticas.
  • Establecer normas y límites claros, esto ayudará a entender a los hermanos que hay límites que no se deben cruzar.
  • Evita las comparaciones, cada hermano es único e irrepetible, con sus defectos y virtudes, sus fortalezas y debilidades
  • Juega con ellos a juegos cooperativos, esto ayudará a fomentar la confianza y la cooperación entre ellos. Una buena herramienta es usar los juegos en el que los equipos sean padres contra hijos.
  • Dedícales a cada hermano un tiempo para él sólo.
  • Busca actividades para realizar en familia.
  • Si las peleas se dan debido a los celos, trabaja con los hermanos ese tema y verás como también las peleas disminuyen.
  • Busca la razón detrás de las peleas. A veces cuando los hermanos pelean muy a menudo puede haber emociones detrás de esas peleas. Los niños pueden sentirse heridos,  frustrados o enfadados por algo y usan al hermano como forma de liberar esa tensión

En definitiva, asume el conflicto fraternal como algo natural. Aprende a desdramatizar las riñas y desencuentros entre los hermanos, sin darles la espalda y estando atentos, pero sin convertirlas en un gran problema familiar.

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