Qué es la educación en postivo.

La Educación Positiva es una metodología que tiene sus orígenes en los años 20 en las ideas de Adler, Psiquiatra infantil, junto con Dreikurs. Pero es a partir de los años 80, con Jane Nelsen y su libro, ‘Cómo educar con firmeza y cariño’, que empezó a ganar popularidad.
En los últimos tiempos está ganando mucho protagonismo la educación en positivo. Cada vez son más los padres que buscan un tipo de educación más respetuosa con los niños para crear un clima de bienestar en casa que les ayude a desarrollarse plenamente como personas sin renunciar a la autoridad que tienen como padres.
Pero, ¿qué es la educar en positivo?. La educación en positivo es un método educativo que consiste en un cambio en el enfoque tradicional que tenía la educación: en vez de destacar los errores, se centra en los logros y esfuerzos del niño. Se basa en evitar actuar sólo cuando los niños se portan mal, usando técnicas educativas de refuerzo positivo enfocadas en las buenas conductas que generen bienestar emocional, ganas de hacer las cosas bien, satisfacción personal y, por tanto, una mejor autoestima.
Sin embargo, ponerlo en práctica requiere un esfuerzo muy grande y sobre todo, muchísima paciencia. Es por esto que para poder aplicarla los padres deben realizar un cambio de mentalidad. El cambio principal es aprender a enfocarse en lo positivo en vez de en los errores y defectos, a ver el error como algo bueno, como 

una oportunidad para aprender. Y sobre todo, realizar un cambio en la percepción que tenemos de la conducta de nuestros hijos. Los niños no se portan mal para fastidiarnos, si no que aún están aprendiendo y aún carecen de herramientas para expresarse y actuar. Es decir, entender que los niños están aprendiendo y que los padres somos la guía que le enseña lo que está bien y lo que está mal y que enseñamos con las palabras, pero también con el ejemplo. Por tanto, educar a tu hijo es educarte a ti también.

Los principios básicos de la educación en positivo son:

1. Paciencia: De hecho, diría que toneladas de paciencia. Los niños están aprendiendo, se están probando y probándonos. Es difícil, con el cansancio de las exigencias del día a día y las preocupaciones, pero es necesario tener siempre una carreta de paciencia extra.
2. Tiempo: Muchos padres que ponen en práctica la educación en positivo quieren ver resultados en tres días, pero los cambios necesitan un tiempo. Seguramente la primera semana tendrás la sensación que no sirve de nada, pero si continuas, verás que poco a poco el clima familiar es más sano y la dinámica familiar más fácil. Es casi como ponerse a dieta. El primer mes cuando te miras al espejo crees que sigues igual, pero un día consigues ponerte esos vaqueros que hacía años que no te valían.

3.  Cambio interior: La educación en positivo necesita de un cambio en la mentalidad de los padres. Aprender a gestionar sus propias emociones, aprender a leer las necesidades de los niños y sobre todo aprender a enfocarse en lo positivo
4. El error es bueno: Vivimos en una sociedad que penaliza el error, pero lo cierto es que los humanos aprendemos a través del error.  Los niños también aprenden así. Enséñales que el error no es malo, que puedes equivocarte hoy, pero mañana lo harás mejor. Lo importante es aprender de los errores y volverlo a intentar.
5. Escuchar las necesidades del niño: Los niños pasan por diferentes etapas. Cada etapa del desarrollo tiene una serie de características y logros. Cada niño es único e irrepetible, tiene su propio carácter y su forma de ser. Hay que aprender a crecer con los niños y exigirle en función de  sus capacidades.
6. Los padres deben ir siempre en la misma dirección. Es fundamental para el niño que los padres no se desautoricen el uno al otro cuando se establezca una norma o castigo. Si estás en desacuerdo con tu pareja, háblalo en privado, pero jamás delante del niño
7. Controlar nuestras propias emociones. Es sumamente importante no perder el control de nuestras emociones ante los hijos cuando surja un problema, ya que solo conseguiremos que todos nos pongamos nerviosos. Usar técnicas de manejo de las emociones puede ser de gran ayuda.
8.  Límites, normas y responsabilidades: existe la falsa creencia que educar en positivo implica no poner límites y normas. Pero nada más lejos de la realidad. Los niños necesitan normas y límites. Les da seguridad, les hace saber qué pueden hacer y qué no, a entender que sus actos tienen consecuencias y les permite saber qué se espera de ellos. De igual modo, las responsabilidades adecuadas a su edad les hace sentir útiles fomentando así su autoestima. Hay que establecer normas y límites de forma clara y firme, siempre desde el cariño y favoreciendo el diálogo.
9. Dialoga las normas: A medida que el niño va creciendo y va adquiriendo capacidades y responsabilidades también podemos dejarle que tome parte en el establecimiento de las normas. Obviamente hay decisiones sobre las que no cabe discusión posible, pero hay otras en las que se puede tener en cuenta la opinión del niño y llegar a un acuerdo.
10. Lenguaje en positivo: las palabras tienen un efecto sobre los niños porque, incluso aunque no sea la intención del emisor, crea ciertas creencias y efectos en el receptor. Por eso es importante usar un lenguaje adecuado cuando nos comunicamos con nuestros hijos. Hablar en positivo significa decir lo mismo pero con un lenguaje diferente, enfocándose en lo positivo y desde el respeto a los niños y sus emociones y sentimientos. Evita los gritos, las descalificaciones personales y las etiquetas. Esto es aplicable también a las normas. Los padres solemos abusar de la palabra “no” creando un efecto negativo en los niños. Por ejemplo, en vez de decir “no se pega” podemos decir “Se debe tratar con respeto a los demás”
11. Déjales tomar decisiones: Es evidente que hay decisiones que debes tomar tu como su padre o su madre y que hay cosas en las que no cabe el diálogo. Sin embargo, también hay que darles la oportunidad de poder tomar decisiones siempre acordes a su edad y desarrollo. Por ejemplo, el niño debe ir al colegio y él no puede decidir sí ir o no, pero si puedes dejarle que decida si como actividad extraescolar prefiere ir a baloncesto o a ballet.
12. Dar y demostrar cariño siempre: Incluso cuando el niño falle o estemos enfados con ellos, hay que darle cariño siempre. Los padres podemos enfadarnos con los niños pero nunca dejamos de quererlos y es indispensable que sepan que vamos a estar ahí siempre, incluso cuando hagan las cosas mal. Y sobre todo nunca usar el cariño como forma de chantaje. Esto, además de hacerles sentirse queridos y fomentar su autoestima, le enviará el mensaje que pueden encontrar en nosotros un apoyo y ayuda a crear un clima de confianza y bienestar que nos va a servir de ayuda a medida que el niño vaya creciendo.
13. Evita el castigo: Los castigos son efectivos a corto plazo, pero a largo plazo crean malestar y restan la confianza. El castigo pone el énfasis en la mala conducta, pero no enseña, el refuerzo positivo sí. El refuerzo positivo es más eficaz porque se centra en las conductas buenas. Cuando los hijos hagan las cosas bien házselo saber, felicítales y céntrate más en sus esfuerzos que sus logros. Esto hará que se sientan bien y volverán a repetir esta actitud.
14. Sentido del humor: El sentido del humor puede ser una tabla de salvación. Aprende a desdramatizar ciertas situaciones. Y cuando te sientas desbordada o incluso no sepas qué hacer, usa el sentido del humor, te hará ver todo desde otra perspectiva
15. Dedícales tiempo de calidad: Es necesario encontrar un tiempo a la semana para pasar en familia en el que dedicarles toda nuestra atención. Sí, ya sé que es difícil con el ritmo que levamos hoy en día y en el que casi nos cuesta encontrar cinco minutos para rascarnos, pero merece la pena el esfuerzo. Una hora para pasear todos juntos los domingos por la tarde puede tener grandes beneficios.

Concluyendo, educar en positivo es educar con asertividad, desde la comprensión, el respeto y el cariño. Se trata de un estilo educativo más democrático que fomenta su autoestima y crea un clima familiar de confianza y seguridad favoreciendo, así, un desarrollo psicológico y emocional sano. Es, en definitiva, educar con firmeza y con límites desde el respeto y el cariño.

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